Rosi, una tímida niña con una historia que contar
“Es muy tímida”, dijo su mamá.Rosi, una niña de 7 años, llegó a consulta porque a su mamá le preocupaba su timidez. Nunca había tenido un problema de comportamiento, y sus maestras siempre adulaban su actitud obediente y tierna.
Sin embargo a Mariana, su madre, le preocupaba el que rara vez mostrara sus emociones, y su forma tan reservada de ser. No tenía queja alguna de su comportamiento, pero sentía que su corazón encerraba algo.
Ya sentadas las tres en mi consultorio, Mariana me comentó estas actitudes de su hija, con ella sentada a su lado. Noté cómo Rosi bajaba la mirada y escondía la cabeza entre sus hombros.
Gaby: Veo que mientras tu mami habla tú bajas la mirada. ¿Te das cuenta?
Rosi: Mhhh, es que… mhhh…Rosi se sonrojaba mientras hablaba y gesticulaba.
Gaby: ¿Te parece que vayamos al arenero mientras tu mami me sigue contando?
Rosi: ¡Claro!Se levantó con un brinco y de inmediato se dirigió a la caja con arena.
Gaby: ¿Te gustaría escoger algunos muñequitos para poner en el arenero?
Rosi: “Sí,” dijo tímida, mientras tomaba juguetes y herramientas.
La madre continuó platicando sobre cosas que le preocupaban de su hija, y Rosi prestaba atención de manera disimulada.
Mariana: …No saluda, y cuando alguien le pregunta algo contesta con voz muy baja. Me gustaría que pudiera expresarse más, tú sabes Gaby este mundo es muy rudo y me preocupa que no sepa cómo manejarse.
Me acerqué a Rosi para ver su creación. Había creado una escena muy ordenada.
Gaby: ¿Me la puedes describir?
Rosi: Es una perrita que acaba de tener perritos y tienen una resbaladilla y además muchos juguetes.
Continuó describiendo mientras yo observaba su lenguaje corporal.
Noté que cuando describía la escena de la perrita y sus hijos, comenzó a comerse su suéter y su postura cambio ligeramente.
Gaby: Rosi, cuando me hablas de la perrita te haces hacia dentro, como un caracol. ¿Qué estás sintiendo?Vi como sus ojos se cristalizaban y se llenaban de lágrimas.
Nunca
ha dejado de sorprenderme cómo detrás de cada comportamiento, de cada
gesto, de cada forma de ser, hay una historia que necesita ser contada y
escuchada. Lo que sucedió después de este reflejo fue muy liberador
para todas nosotras…
Rosi: Siento feo…
Gaby: Y si feo fuera un sentimiento, ¿cuál sería?
Rosi: Mhhh, triste, contestó Rosi, mientras tomaba en sus manos a uno de los perritos en el arenero.
Gaby:
Veo que tomas en tus manos al perrito. Quiero que te imagines que ese
perrito habla y tú le vas a prestar tu voz para que lo haga. ¿Qué te
dice?
Rosi: Que está solito.
Gaby: Yo veo que estaba con otros perritos y tú lo tomaste entre tus manos. ¿Qué pasó que se siente solito?
Rosi: Es que la mamá perrita ha estado muy triste, y el perrito pequeño prefiere estar solito para no molestarla.
Gaby: ¿Y qué pone triste a mamá perrita?
Rosi levanta la mirada y voltea a ver a su mamá, quien observaba en silencio, asombrada.
Mariana: Cuéntale mi amor, está bien.
Rosi:
Es que llora mucho porque tuvo un bebé en su panza, que se fue al
cielo, y pues está triste y el perrito no la quiere molestar.
Mariana
cubre su boca con ambas manos, conteniendo su llanto. Rosi toma entre
sus manos a mamá perrita y la lleva a su pecho, arrullándola. Está
cabizbaja, meciéndose ligeramente.
Gaby:
Rosi, veo que cuando tu mami comenzó a llorar cargaste a mamá perrita.
Ahora estás cargando a los dos perritos. ¿Qué estás sintiendo?
Rosi: No me gusta que mamá llore por mi culpa.
Gaby: ¿Qué sientes cuando llora? ¿Se lo puedes decir a ella?
Rosi
voltea a ver a su mamá, quien trata de contener sus lágrimas mientras
ve a su hija a los ojos. Rosi da dos pasos hacia ella y se detiene,
mirando hacia el suelo.
Gaby: Veo que te cuesta trabajo decirle a mamá lo que te pasa.
Rosi: Es que no quiero que llore más.
Mariana: No es tu culpa que yo llore mi amor, puedes decirme qué te pasa.
Rosi: Pero cuando estás conmigo empiezas a llorar y te vas a tu cuarto, y yo no quiero que te vayas mami…
Rosi
se suelta en llanto, y Mariana salta a abrazarla. Ambas lloran juntas.
Contemplo la belleza de ese momento en silencio, conmovida…
Ambas
necesitaban hablar lo que la partida del hermanito les había
ocasionado. Rosi, al igual que el perrito, se había sentido sola y con
la necesidad de cuidar a mamá para que no estuviera triste. Un año
después no sólo sentía que había perdido a su hermanito, también estaba
perdiendo a su mamá. Necesitaba poder expresarle cuánto le hacía falta, y
lo hizo.
Mariana por su parte,
en sesiones posteriores se dio cuenta de que cada vez que se acercaba a
su hija y quería jugar con ella sentía que traicionaba la memoria de su
hijo a quien creía haberle fallado. Desde que sufrió el aborto estaba
sumida en un duelo que parecía no tener sentido. “Estas cosas pasan,”
era lo que escuchaba de todos, y lo que trataba de decirse a sí misma.
Comprendió que necesitaba escucharse y validar lo que sentía. Que su
dolor era muy real, y que necesitaba reconocerlo, estar con él,
aceptarlo, para eventualmente poder soltarlo. Y que siempre y cuando
fuese honesta y abierta con Rosi ambas estarían bien, y atravesarían el
duelo creciendo y sintiéndose más unidas que nunca antes.
En
este contexto que hemos creado, en el que el intelecto reina sobre el
corazón, y que las calificaciones son más importantes que lo que nos
sucede dentro, la mayoría de las personas viven muy lastimadas. La
timidez, la hiperactividad, la rebeldía, el desafío o el exceso de
obediencia, entre otros, con frecuencia son síntomas de mecanismos de
defensa más profundos. De un intento del niño por encontrar cierto
equilibrio, por compensar una carencia.
Te
invitamos hoy a reflexionar sobre tu relación con tus hijos. ¿Qué es lo
que hoy tienes oportunidad de retomar, de transformar? Coméntalo aquí
mismo. Recuerda que este es un espacio seguro, en el que procuramos no
juzgar y abrirnos a dar y recibir.
Los sucesos o las circunstancias de la vida no crean distancia ni sufrimiento, lo hacemos nosotros. Comparte esta reflexión. Para que padres e hijos vivan un poco más cerca.
Con amor,
Luis Carlos y Gaby

